¿SABES RESPETAR A LOS DEMÁS?…” – Mbappé formuló esta pregunta mordaz en la sala de prensa tras la victoria por 4-0 contra el Olympiacos. El periodista Toribio acababa de preguntar sobre la “dependencia” del Real Madrid hacia él cuando la entrevista se paralizó repentinamente, la cámara captando cada microexpresión.
Una fuente interna del equipo reveló que la mirada de Mbappé recorrió toda la sala, como indicando que había temas “prohibidos”. La conmoción se extendió de inmediato, pero parte de la historia permanece sin contar, dejando un misterio perdurable.
El estadio Georgios Karaiskakis en Atenas vibraba con la euforia griega, pero el Real Madrid acababa de imponer su ley en un 4-0 demoledor contra el Olympiacos. Era la noche del 27 de noviembre de 2025, jornada cinco de la fase de liga de la Champions League.
Kylian Mbappé, el prodigio francés de 26 años, había sido el verdugo absoluto: cuatro goles en una exhibición que recordaba a los grandes mitos del fútbol.
Desde el minuto 22, cuando abrió el marcador con un remate cruzado tras una jugada colectiva impecable, Mbappé dictó el ritmo. Al 28′, un hat-trick express con un penalti y un contragolpe letal dejó al Olympiacos aturdido.
El cuarto gol, a los 65′, fue poesía pura: regate en el área y vaselina sobre el portero. El Madrid, bajo la batuta de Xabi Alonso, remontó un inicio titubeante y selló una victoria que los catapulta en la tabla.
Pero el verdadero drama no ocurrió en el césped, sino en la sala de prensa. Mbappé, aún con el sudor del esfuerzo y la camiseta empapada, se sentó frente a los micrófonos.
La adrenalina no había bajado cuando Miguel Ángel Toribio, el incisivo periodista de Radio Marca, lanzó su pregunta: “¿Sientes que el Real Madrid depende demasiado de ti, Kylian? En los últimos partidos sin tus goles, el equipo no ha ganado”.
La sala se congeló. Las cámaras captaron el instante: los ojos de Mbappé se entrecerraron, su mandíbula se tensó y una sonrisa irónica asomó en sus labios.
“Creo que esta pregunta es una falta de respeto a ti mismo y una mala pregunta”, respondió con voz calmada pero afilada como un bisturí. Luego, pausó, miró directamente al periodista y añadió: “¿Sabes respetar a los demás?”. El silencio fue ensordecedor.
Toribio, visiblemente descolocado, balbuceó una aclaración sobre las derrotas ante Liverpool, Rayo Vallecano y Elche, donde Mbappé se quedó en blanco goleador. Pero el francés no cedió. “No hables de ‘dependencia’. Di que Kylian es responsable de las victorias, pero también de las derrotas si no marca.
Cada jugador tiene su rol. Esto es un equipo, no una soltería”. Su mirada recorrió la sala, deteniéndose en cada rostro, como si marcase un territorio invisible.

Una fuente interna del vestuario, que prefirió el anonimato, reveló detalles escalofriantes de ese momento. “Kylian no solo miró a Toribio; sus ojos barrieron toda la habitación. Fue como si dijera: ‘Hay líneas que no se cruzan’. Temas como la ‘dependencia’ son tabú para él.
En el Madrid, se habla de unidad, no de individualismos”. La cámara, implacable, registró microexpresiones: un leve fruncimiento de cejas, un suspiro contenido, un gesto que gritaba frustración contenida.
La conmoción se extendió como un incendio forestal. En cuestión de minutos, el clip viralizó en redes sociales. #MbappeVsPrensa acumuló millones de visualizaciones en X y TikTok.
Fans madridistas lo aplaudieron como un acto de defensa colectiva: “¡Bien dicho, Kylian! El Madrid es más que un jugador”, tuiteó un aficionado desde el Bernabéu. Otros, más críticos, lo vieron como arrogancia: “Mbappé se cree intocable. ¿Quién se cree que es?”.
En el mundo periodístico, la polarización fue inmediata. Santi Nolla, en Mundo Deportivo, tituló su columna “¿Mala pregunta?”, defendiendo a Toribio: “El periodista solo reflejaba datos: 22 goles en 18 partidos, y tres derrotas sin sus tantos. Mbappé evadió la realidad con un golpe de efecto”.
Por el contrario, en El País, un analista elogió la madurez del francés: “En un fútbol obsesionado con el ego, Mbappé recordó que el respeto empieza por el colectivo”.

Xabi Alonso, en su rueda de prensa posterior, navegó con astucia el temporal. “Kylian es un líder. Sus palabras protegen al grupo. Hemos ganado porque jugamos en equipo, no por un solo nombre”.
Pero internamente, según fuentes del club, el incidente generó un debate: ¿Es Mbappé el nuevo Cristiano, un salvador con carácter indomable, o un riesgo para la armonía? Recordemos que su fichaje por 150 millones en verano de 2025 fue un terremoto, y este episodio aviva dudas sobre su integración.
Los números, fríos e inexorables, respaldan la pregunta de Toribio. En la Champions, Mbappé ha anotado el 75% de los goles madridistas: ocho en cinco partidos, empatando el récord de Ronaldo en 2015. Su póker ante Olympiacos lo une a leyendas como Di Stéfano y Puskás.
Pero las derrotas sin él –Anfield, Vallecas, Elche– pintan un panorama preocupante. ¿Es dependencia o liderazgo? ESPN lo resume: “Mbappé carga al Madrid, pero ¿qué pasa si se lesiona?”.
El periodista Toribio, en una entrevista posterior en Radio Marca, defendió su postura con elegancia. “No busqué provocarlo; solo cuestioné un patrón estadístico. Su respuesta fue educada, pero reveladora. Muestra la presión que lleva sobre los hombros”.
Fuentes cercanas aseguran que no hay rencor: “Kylian llamó a Toribio esa noche para aclarar. Fue un malentendido, no una guerra”. Sin embargo, el incidente deja un misterio: ¿qué “temas prohibidos” insinuaba esa mirada panorámica? ¿Presiones internas, como la ausencia de Courtois, Carvajal o Militao en defensa?

En las redes, el debate se enciende con memes y análisis. Un tuit de @FutbolTotal dice: “Mbappé: 4 goles y 1 lección de humildad. ¿Respetar? Empieza por no individualizar”. Otro, de @MadridistasReal, celebra: “¡Ole por Kylian! La prensa quiere dividirnos, él nos une”.
En TikTok, videos editados recrean la escena con música dramática, sumando 50 millones de views en 48 horas. La UEFA incluso lo menciona en su resumen semanal como “el momento tenso de la jornada”.
Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, no ha comentado públicamente, pero en círculos directivos se habla de orgullo. “Kylian defiende el escudo como nadie. Esto fortalece el grupo”, confiesa un directivo. Mientras, en Francia, L’Équipe lo porta como héroe: “Mbappé, el guardián del colectivo”.
Pero en Grecia, la prensa local lo critica: “Un divo que menosprecia el esfuerzo ajeno”.
El impacto trasciende el fútbol. Psicólogos deportivos analizan la escena: “Mbappé mostró inteligencia emocional. Su pregunta retórica –’¿Sabes respetar?’– desarmó el ataque sin agredir”. En un deporte donde las palabras pesan tanto como los goles, este episodio redefine su imagen: de estrella caprichosa a líder protector.
Pero el misterio persiste: ¿qué vio en esa sala que lo hizo barrer con la mirada? ¿Una traición sutil, un eco de viejas rencillas en PSG?
A tres días del Clásico contra el Barcelona, el Madrid entrena con normalidad. Mbappé, sonriente en las fotos oficiales, parece haberlo superado. Pero el incidente ha inyectado tensión al vestuario. Jugadores como Vinícius y Rodrygo lo respaldan en privado: “Es nuestro hermano. La prensa no entiende lo que vivimos”.
Lunin, el portero que encajó tres goles en Atenas, sabe la verdad: “Sin Kylian, hubiéramos perdido. Pero él nos salva, no nos carga”.
La historia sin contar podría ser más profunda. Rumores de pasillos blancos hablan de una “lista negra” de preguntas: nada de finanzas del fichaje, nada de roces con veteranos como Modrić. ¿Toribio cruzó una línea invisible? Una fuente anónima susurra: “Mbappé protege a Alonso.
La ‘dependencia’ cuestiona al entrenador, no a él”. Si es así, el francés jugó ajedrez mediático.

En el panorama global, este pulso resalta la toxicidad del periodismo deportivo. ¿Deben los periodistas ser implacables o empáticos? En España, donde el fútbol es religión, el debate divide tertulias. Cadena SER dedica un especial: “Mbappé vs. Prensa: ¿Libertad o Censura?”.
Internacionalmente, The Guardian lo ve como “el precio de la genialidad”.
Mbappé, en su Instagram, posteó una foto del partido con caption: “Equipo primero. Siempre”. Millones de likes, pero comentarios divididos: apoyo masivo, con ecos de “Respeto mutuo”. El 30 de noviembre, con el Madrid líder de grupo, el foco se desplaza al Clásico.
Pero el eco de esa pregunta –”¿Sabes respetar a los demás?”– resuena. ¿Aprenderá la prensa? ¿O Mbappé se blindará más?
Este episodio, lejos de ser un tropiezo, podría ser un punto de inflexión. En un Madrid en reconstrucción, con bajas defensivas y presión por la Décima europea, Mbappé emerge como faro moral. Su mordaz interrogante no solo paralizó una entrevista; cuestionó el ecosistema que lo rodea.
El misterio perdura: ¿qué historia oculta esa mirada? Solo el tiempo, y quizás un nuevo póker, lo revelará.
Mientras el mundo del fútbol contiene el aliento ante el Clásico, Mbappé sigue marcando época. Cuatro goles, una victoria, un desafío verbal: ingredientes de una leyenda viva. En Atenas, no solo ganó un partido; defendió un ideal.
Y en esa sala de prensa, con una simple pregunta, recordó a todos: el respeto es el balón que mueve masas. El Real Madrid avanza, pero con lecciones aprendidas en el fuego de las palabras.